dilluns, 24 de febrer de 2014

Mentiras y verdades (M Jesús Mandianes)

La humanidad a lo largo de los siglos ha logrado progresar a pesar de que las civilizaciones surgidas en distintas épocas de la historia han sentado las bases de su estructura social en grandes mentiras.
Hubo un tiempo en que los hombres no entendían los fenómenos atmosféricos y mitificaban las fuerzas de la naturaleza convirtiéndolas en deidades a las que no dudaban en ofrecerles sacrificios humanos para aplacar su ira o lograr sus favores.
La Biblia desmitificó los fenómenos naturales poniéndolos al servicio del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza. Un Dios único al que pertenecían el cielo, la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Solo a él debían adorar y servir si no querían sentir el peso de su cólera infinita.
Tuvieron que llegar los filósofos griegos para separar el mito (lo que no puede probarse), del logos (la verdad fruto de la experiencia y del análisis), en definitiva la realidad palpable.
Las invasiones bárbaras destruyeron la cultura greco-romana hundiendo a Europa en un largo periodo de oscuridad cultural, la Edad Media impuso la fe ciega por encima de la razón. Grandes errores se establecieron como dogmas indiscutibles: Una tierra plana sostenida por cuatro columnas era el centro del sistema solar.
Oponerse a esta teoría era enfrentarse a la Inquisición que no dudaba en torturar y mandar a la hoguera a todos los que osaban poner en duda las mentiras impuestas como verdad incontestable. Solo Averroes, en el siglo XII, desde Al-Ándalus, logró imponer la filosofía aristotélica como referencia científica a la hora de describir la realidad (la verdad).
Pasaron los siglos y las mentiras sostuvieron el despotismo y los privilegios de las monarquías absolutas alegando que eran de origen divino. Llevaron a generaciones de jóvenes a perder su vida en los campos de batalla luchando por una bandera tras la cual se ocultaban solo intereses económicos. Justificaron el genocidio de pueblos y razas. Modificaron la historia haciendo aparecer como héroes libertadores a los que traicionaron la voluntad del pueblo conduciéndolo a guerras fratricidas. Se utilizan ahora para destruir impunemente el estado social y de derecho.
Pienso luego existo (Descartes). Esa debe de ser nuestra única verdad. Somos seres humanos capaces de reflexionar sobre el mundo que nos rodea, sobre el universo que nos envuelve. Estamos capacitados para analizar la información que nos llega a diario a través de los distintos medios de comunicación desechando las mentiras utilizadas con el único objeto de manipularnos.
Intuyo que la última gran falacia es establecer como única diferencia con los primates el gen miR-94. Asumo como verdad absoluta que estamos dotados de un “alma” que nos hace sentir respeto por nosotros mismos y los que nos rodean. Nos dota de creatividad e inteligencia para dar una respuesta racional a las dos grandes preguntas que han inquietado siempre al ser humano: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?

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